jueves, 5 de septiembre de 2013

Negro.

Últimamente han estado muy presentes los colores en mi vida. El verde, la esperanza. El rojo y su calor, acompañado del naranja para acabar siendo un amarillo apagado, una ilusión muerta. El blanco, el bien, la inocencia, que lejos ya de una infancia prácticamente acabada quiere convertirse en gris. Siempre me llamó la atención ese color, porque aunque fuese claro, a mí me inspiraba algo más oscuro y profundo; me recordaba a las nubes. Y ellas a su vez, las tardes de libros y lluvia. El agua que se niega a no tener color y nos hace creer que es azul de tanta envidia que le tiene al cielo. Me recuerda a mí. Yo también parezco transparente, a veces, invisible entre cientos de tonos que se combinan y forman otros y me dejan en un pequeño rincón, sola e incomprendida como tantas otras veces. Yo, si pudiera elegir ser un color, sería también azul, turquesa, viva, tranquila, con calma, feliz. Si pudiera haría muchas cosas, la verdad. Sin embargo, en el caso de ser un color, sería el negro. Tragándose a todos los colores en su esplendor y sin poder reflejar ninguno de ellos. Absorbiendo tanto el dolor de otros como el propio, y callando. Callando porque el hablar para decir nada es inútil. Callando porque cuando muchas cosas vienen juntas, se amontonan en la puerta y no hay manera de hacerlas salir. Nunca fui de hablar para transmitir algo que a alguien le pudiera interesar. Nunca fui de pensar en que quizás, si me tragaba partes de muchas personas, al final tendría que dejarme a mí de lado para que ellas cupiesen a gusto. Para que un día, de repente, alguien exija aquella pequeña porción de sí que un día prestó. Y sea entregada dejando una marca, una huella, un vacío. Así con toda aquella gente que en algún momento me dio algo aún sin saberlo y yo, decidí guardarlo como si valiese. Y anda que si valía. Valía todo el vacío que ahora hay en algún lugar dentro de mí, y que mi esencia se niega a llenar porque se hizo en su día muy pequeña para dejar paso a cosas mayores. Y cuando algo es diminuto tiene la posibilidad de crecer. Pero cuando ese algo, lo sea o no, se cree así y sin posibilidad de ser mayor, no hay escapatoria, posibilidad de extenderse. Sólo queda el negro, que pretende salir en forma de tinta, de palabras, de letras, de sentimientos imposibles de expresar en alto. Por ahora el depósito está lleno. Quizá algún día llegue alguien que me ayude a vaciarlo y que después me llene. Mientras tanto, escribiré.

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