Nunca le di significado a aquello de "tirar la toalla" hasta que creí darme cuenta de que significaba tirarme a mí misma, abandonar toda la ilusión que algún día tuve. Y sin embargo, no. No era eso. Porque como todo, y aún más a la hora de ser feliz, tiene dos partes. Tu parte de la toalla y la que los demás se han ido ganando poco a poco. Y es duro eso de compartir, cómo duele. Una historia basada en guardar algo para mantener a los demás y perderte a ti. O también un cuento en el que permanecer tú y perder a quienes alguna vez te quisieron acompañar hasta aquel final tan bonito del cual todos hablaban. Y qué ironía. ¿Acaso hay algún final bueno? ¿Acaso hay algún adiós que no duela? ¿Acaso fue fácil tirar la moneda y escoger el camino a tomar al azar? Mi respuesta es un "no" rotundo, el típico que gritas cuando te dan una mala noticia que no quieres creer, que no puedes asimilar. Y qué bonita es la "o" de esa sílaba. Me refiero al no tener ni principio ni final, ni cabos sueltos; un bucle y poco más. También me recuerda a los hoyos. Aquellos en los que no descubro que me he caído dentro hasta que estoy dando la vida por salir y que incluso a veces, sin quererlo, he cavado yo. Soy especialista en hacerme daño y no querer verlo, mucho menos mostrarlo a los demás. Cuando, en realidad, puede que todo se base en la toalla. En que si hay personas que la comparten conmigo, al agarrarme a ella, me puedan sacar del agujero y ayudarme a ver la luz. En realidad, puede que todo se base en querer un poco más y hablar un poco menos. En dar, dar y hacer felices a los demás aunque implique perderme a mí. Porque oye, si hablábamos de que vivir sin principios ni finales era bonito, mejor no hablemos de perderse en la "o" de otra persona. Sin preocupaciones de cómo empezar o terminar, simplemente de hacer que la vida siga girando, con complejo de noria o de montaña rusa, con la seguridad de que alguien te estará agarrando. Y de que no siempre es o tú o yo, a veces cabe la posibilidad de un nosotros. Así, con muchas "o".
lunes, 9 de septiembre de 2013
Mejor no hablemos de perderse en la "o" de otra persona.
Nunca le di significado a aquello de "tirar la toalla" hasta que creí darme cuenta de que significaba tirarme a mí misma, abandonar toda la ilusión que algún día tuve. Y sin embargo, no. No era eso. Porque como todo, y aún más a la hora de ser feliz, tiene dos partes. Tu parte de la toalla y la que los demás se han ido ganando poco a poco. Y es duro eso de compartir, cómo duele. Una historia basada en guardar algo para mantener a los demás y perderte a ti. O también un cuento en el que permanecer tú y perder a quienes alguna vez te quisieron acompañar hasta aquel final tan bonito del cual todos hablaban. Y qué ironía. ¿Acaso hay algún final bueno? ¿Acaso hay algún adiós que no duela? ¿Acaso fue fácil tirar la moneda y escoger el camino a tomar al azar? Mi respuesta es un "no" rotundo, el típico que gritas cuando te dan una mala noticia que no quieres creer, que no puedes asimilar. Y qué bonita es la "o" de esa sílaba. Me refiero al no tener ni principio ni final, ni cabos sueltos; un bucle y poco más. También me recuerda a los hoyos. Aquellos en los que no descubro que me he caído dentro hasta que estoy dando la vida por salir y que incluso a veces, sin quererlo, he cavado yo. Soy especialista en hacerme daño y no querer verlo, mucho menos mostrarlo a los demás. Cuando, en realidad, puede que todo se base en la toalla. En que si hay personas que la comparten conmigo, al agarrarme a ella, me puedan sacar del agujero y ayudarme a ver la luz. En realidad, puede que todo se base en querer un poco más y hablar un poco menos. En dar, dar y hacer felices a los demás aunque implique perderme a mí. Porque oye, si hablábamos de que vivir sin principios ni finales era bonito, mejor no hablemos de perderse en la "o" de otra persona. Sin preocupaciones de cómo empezar o terminar, simplemente de hacer que la vida siga girando, con complejo de noria o de montaña rusa, con la seguridad de que alguien te estará agarrando. Y de que no siempre es o tú o yo, a veces cabe la posibilidad de un nosotros. Así, con muchas "o".
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