Les declaro la guerra a las preguntas que sólo tienen respuesta si pertenecen a dos personas que se ponen de acuerdo. A esas mismas que si estás solo te rompen; no de un gran golpe, pero si de cientos de ellos pequeños que al final acaban con el mismo doloroso resultado.
Les declaro la guerra a las pausas, especialmente a las que incitan a recordar cosas que provocan ríos salados en las mejillas. Irónicamente no se vive de los recuerdos ni tampoco de los olvidos, pero sí de una mezcla de ambos que nos mantiene "estables" emocionalmente.
También les declaro la guerra a las comillas, a los "pero", a cualquier cosa que cambie el significado, aparentemente bonito, de algo. Porque cuando digo "estables", entre comillas, me refiero a esa parte del camino (o del precipicio) en la que no sabes si estás al principio, en el medio, o en el final; y por tanto, ignoras cómo escapar.
Declaro la guerra a la piedra de la que llevo colgándome con una mano tanto tiempo, esperando algo -quién sabe qué- que nunca llega. El problema, como siempre, es que no sé en qué parte exactamente estoy del barranco. Puede que (ojalá) me encuentre en la parte más baja y el golpe se resuma en unos simples rasguños, y que a partir de ahí sólo me quede subir. Quizás... quizás esté en el medio. Y la caída duela; pero de esto que te rompes algo, se cura y vuelves a intentarlo. O a lo mejor, bueno, más bien a lo peor: puedo estar sujetándome con la punta de los dedos en lo más alto del abismo, cerca del cielo y precipitarme igual. Bueno, igual no, la bajada sería mortal.
Y... eso. Le declaro la guerra a esa independencia "inútil" que tenemos todas las personas de los demás desde el día en que nacemos hasta el que morimos. Del dolor, de que nuestra vida se base en si pueden los demás o no sin mí y que la respuesta sea un "¿lo dudabas?". Que tenga que ser jodidamente bonito que llegue alguien con su mano y te salve del agujero, al igual que puede ser tremendamente horrible que esa o cualquier otra persona esboce una sonrisa al verte caer. Como si hubiera alguna luz o cuerda capaz de iluminar o salvarte del camino, del salto al vacío, que un día decidiste dar. Guerra, a aquellas decisiones que se encargan bien de marcarnos o bien, de matarnos.

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