sábado, 28 de septiembre de 2013

El tiempo no cura las heridas que necesitan puntos.


A veces confundimos saber el significado de algo con comprenderlo. En los diccionarios, el tiempo aparece como "duración de las cosas sujetas a cambio". Nunca estuve de acuerdo con aquel significado desde que, una vez, escuché a alguien decir que el tiempo era lo que pasaba mientras se curaba una herida, y que siempre pasaba. Eso fue hace mucho, por aquel entonces en el que yo aún creía en que las palabras eran realidades escritas o pronunciadas, y no los barcos de papel que se hunden con una gota de agua en lo que se han convertido ahora. En realidad creía que el paso de los días transformaría todo el dolor, poco a poco, en cicatrices que luego acabarían desapareciendo. ¿De verdad soy yo la que se creía una pesimista? Porque es la mejor idea de poder llegar a ser feliz algún día que he tenido en mi vida. Creer que ahí, a lo lejos, en la cima de la montaña, el dolor de pies se convertirá en satisfacción y ganas de volverla a bajar porque al otro lado se encuentra, llámese algo o alguien, capaz de quitarte todas las postillas producidas por el arduo camino sin dejar una sola huella de ellas. Qué bonito parecía el tiempo creyéndose enfermero y poniendo tiritas. El problema es que aquel señor sólo tapó una herida que necesitaba puntos y que seguiría sangrando y doliendo mientras no llegase alguien que supiera coser. Siempre nos empeñamos en esconder cosas como para tratar de demostrar a los demás que somos fuertes y felices, cuando la persona que más se merece saber que aquello sigue en carne viva y se siente con cada roce, quien menos merece mentirse y sufrir, somos nosotros mismos. Una guerra continua sobre si lo más duro es la llaga o el hecho de aceptar que ésta sigue ahí como el primer día solo que menos visible. Pero de repente, mientras estés pensando sobre cómo subir unas escaleras mecánicas que van hacia abajo, puede que llegue alguien que te encuentre las heridas. Que en vez de, como el resto, tire balas sobre ellas, las alimente y las haga crecer; en vez de eso, coja hilo y te las cosa con cuidado, punto a punto, preguntando cómo has podido con todo aquello tanto tiempo y en silencio. El tiempo. El tiempo es aquello que merece, no menos, que pasarlo con alguien que sepa dar las puntadas precisas en los cortes adecuados.

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