sábado, 6 de abril de 2013

Los grandes cambios necesitan grandes periodos de tiempo.

Eh, el futuro no es de los políticos. Ni de los reyes. Ni del ejército. Es nuestro, de todos nosotros. No podemos permitirnos mandarlo a la mierda. Porque nuestro "lujo", el quedarnos sentados en el sofá dejando pasar oportunidades, contaminación y cosas peores sin hacer nada en contra, podría ser la perdición de nuestros descendientes o peor aún, la ausencia de ellos. Es una triste realidad. Sí, que con todas las cosas que podría ser el mundo, sea esta mierda. No soy nada optimista, NADA, al contrario, pero sé lo que es el ser humano. Sé lo que ha sido capaz de hacer y lo que podría hacer. Sé que la unión que se consigue en las guerras por parte de un bando y de otro, se podría conseguir en uno solo. Nos haría cambiar, ser felices. Nos haría progresar. ¿Por qué le damos más valor al oro que al agua? Que yo sepa, a falta del primero no moriríamos, pero al revés sí. Somos falibles, sí, he aquí un ejemplo de ello, uno sin sentido: cometemos errores. Pero oye, ya es hora de arreglarlos, ¿no? Es que me parece penoso que errores que hayan MATADO a miles de personas se olviden con facilidad y se vuelvan a cometer en siglos posteriores. Es hora de progresar. De sustituir las armas por manos que ayuden al resto, de hacer que se conviertan en historia, de que llegue el momento de olvidarlas. La hora de educar. No se puede enseñar a un asesino lo que está bien y está mal después de haber matado enviándolo el resto de su vida a la cárcel. Sí, puede que se le quiten las ganas de volver a hacerlo, pero el daño ya está hecho. El truco está en los niños, a los cuales hay que enseñarles el bien, de la mejor forma posible, el ejemplo. No digo que mañana mismo, enseñando una cosa a los pequeños, todo mejore. Sería absurdo. Pero quién sabe en cien, doscientos o trescientos años. Los grandes cambios necesitan grandes periodos de tiempo. Y aún así necesitan ayuda. Nuestra ayuda. De todos, porque somos como una playa, cada fina mota de polvo es uno de nosotros, que una sobre otra acaban formando grandes dunas. Imagina que los grandes cargos son las típicas piedritas que podemos encontrar en la arena. Se han formado por la unión de granos de arena y se ha endurecido. ¿Qué serían esas piedras solas? Nada. No existirían. Así es el mundo, simple: cien personas con sus manos acaban venciendo a una sola con el arma más letal. La unión hace la fuerza, sí; pero tenemos que querer ser fuertes.

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